domingo, 24 de abril de 2011

LITERATURA ESPAÑOLA DE POSGUERRA (AÑOS 40-50)

 
LA POESÍA DE POSGUERRA (DE 1939 A 1950)

INTRODUCCIÓN AL CONTEXTO HISTÓRICO

   En 1945 finaliza la Segunda Guerra Mundial con la derrota de Alemania y se da paso al enfrentamiento entre los Estados Unidos y la Unión Soviética: las tensiones y rivalidades nacionalistas de los años 20 y 30 fueron sustituidas por la oposición entre el mundo comunista y el capitalista, la cual marcó el nacimiento de una nueva época, la guerra fría. Este periodo de gran tensión política coincide con un crecimiento de la economía mundial (plan Marshall). En el ámbito de la cultura, durante los años 40 y 50 se dejan sentir en las conciencias los efectos trágicos del enfrentamiento bélico, por lo que alcanza una gran repercusión el existencialismo.         
   En España, tras la guerra, el inicio de la dictadura franquista y el exilio de muchos intelectuales hacen que se interrumpa la evolución natural de la cultura española, que se sume en un profundo aislamiento, vigilada por una férrea censura política e ideológica. En una sociedad sin libertad sumida en la miseria y el hambre, la literatura vive una época difícil que llega hasta los años 50. Solo parecen posibles dos posturas: o bien  aprobar la nueva situación, o bien  reflejar la desesperanza ante el futuro.

POESÍA EN LOS AÑOS 40

 1. Poesía arraigada

   Cultivada por autores de la llamada Generación del 36, cuyo punto de unión es haber tomado parte en la contienda. Salvo excepciones (Miguel Hernández y Gabriel Celaya), pertenecen al bando vencedor y son complacientes con la dictadura. Su poesía adopta una forma clasicista (sonetos al estilo de Garcilaso) y dos tonos diferentes: uno heroico para ensalzar el momento presente, relacionándolo con el pasado imperial español, y otro intimista para ensalzar la belleza de la tierra, el amor dentro de la familia o el sentimiento religioso. Es una poesía totalmente conforme con la realidad. Sus órganos de difusión son las revistas Escorial, Juventud o Garcilaso; sus principales representantes, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo, y José García Nieto. 



2. Poesía desarraigada

    En 1944 se producen dos importantes hitos poéticos:

a)    Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso publican, respectivamente, Sombra del paraíso e Hijos de la ira.
b)   En León aparece el primer número de la revista Espadaña. Otras publicaciones destacadas son Corcel, en Valencia, o Proel, en Santander.

   Los poetas “desarraigados” intentan reflejar la peripecia individual del ser humano en tiempos de angustia y dolor, de continua zozobra interior y exterior, y de falta de fe en el futuro. Se trata de una poesía existencialista, realista, que evolucionará muy pronto hacia la poesía social. El lenguaje utilizado es abrupto, casi violento, cercano al grito.
   Autores: Victoriano Crémer, Eugenio de Nora, José Hierro, Carlos Bousoño, Gabriel Celaya, y Blas de Otero.
                                               
    Un interesante grupo de poetas de la España de posguerra es el que se configura en torno a la revista cordobesa Cántico, fundada en 1947. Estos poetas cultivan una poesía intimista, de aliento romántico y notable riqueza expresiva  (Pablo García Baena, Ricardo Molina, Juan Bernier). Dentro del llamado postismo destacan Carlos Edmundo de Ory, ángel Crespo, Juan Eduardo Cirlot. 

POESÍA EN LOS AÑOS 50: POESÍA SOCIAL

   La poesía existencialista desemboca en la poesía social (1950-1964). Los escritores salen de su angustia interior y dan testimonio de lo que ocurre en la calle; con su protesta pretenden transformar la sociedad y tienen fe en que la literatura como motor de ese cambio. A partir de 1950,  denuncian la marginación, el paro, la falta de libertad, y exigen la justicia y la paz para España, una patria amada y rota que se convierte en protagonista de sus versos: Que trata de España (Blas de Otero), España, pasión de vida (Eugenio de Nora), Canto a España (José Hierro).

    Palabras como compromiso y solidaridad son las que mejor expresan el sentir de estos poetas, porque buscan compartir sus versos con los demás, con el pueblo, y que su obra no sea suya, sino de todos. Esta actitud les conduce a expresar sus mensajes con un lenguaje tan transparente que llega incluso, en el caso de Gabriel Celaya, a un prosaísmo extremo. Para ellos la poesía ha de ser una actividad tan social y tan necesaria como el trabajo o la justicia y otorgan a la palabra tanto valor como el aire que se respira. “Poesía necesaria como el aire que exigimos trece veces por minuto”

    Dentro de esta corriente, destacaremos a tres poetas: Gabriel Celaya, Blas de Otero y José Hierro.

a) Gabriel Celaya. Su obra más conocida se desarrolla a partir de 1947. La crítica ha reconocido su enérgico compromiso social, pero también ha criticado su descuido de la forma. Obras: Tranquilamente hablando (1947) y Las cosas como son (1949); ambas de su etapa existencialista. De su etapa social destacaremos: Las cartas boca arriba (1951) y Cantos iberos (1955).

b) Blas de Otero: Es el gran poeta de la posguerra. Fue censurado y prohibido en repetidas ocasiones. Su obra, que tiene tres etapas, es una buena muestra de la evolución de la poesía española de la segunda mitad de siglo.

Primera etapa. Existencialista. De tono desgarrado, se centra en la búsqueda angustiosa de Dios, del amor y del sentido de la existencia. Obras: Ángel fieramente humano (1949) y Redoble de conciencia (1951) englobados más tarde en el libro Ancia.
Segunda etapa: Poesía social. Adopta una actitud de compromiso y solidaridad con los problemas colectivos de España. Obras: Pido la paz y la palabra (1955), En castellano (1959) y Que trata de España (1964).
Tercera etapa: supone un cambio formal importante, casi cercano al experimentalismo. A esta época pertenece Hojas de Madrid (1968-1979).

c) José Hierro: Se integra en la poesía social con Quinta del 42 (1952) y Cuanto sé de mí (1959).



LA NOVELA DE POSGUERRA (DE 1939 A LOS AÑOS 50).

  El ambiente de vacío y desorientación cultural propio de los años 40 es muy acusado en el campo de la novela. Se ha roto con la tradición inmediata: quedan prohibidas las novelas con contenido social o fuera de la ortodoxia católica, así como las obras de los exiliados. Es una época de búsqueda, de tanteos.
  Algunos autores, pertenecientes al bando vencedor y que ya habían publicado antes de la guerra, gozaban del favor del régimen y hubieran podido servir de puente entre ambas etapas (así, los falangistas Rafael García Serrano y Rafael Sánchez Mazas), pero sus aportaciones fueron escasas o no tuvieron eco. Otros, como J. Antonio Zunzunegui o Darío Fernández Flórez, alcanzarían cierta resonancia dentro de un realismo tradicional.

NOVELA EN LOS AÑOS 40: NOVELA EXISTENCIAL

  Dos fechas suelen señalarse como indicios del arranque del género de la novela existencial: 1942, con La familia de Pascual Duarte, de Cela, y 1944, con Nada, de Carmen Laforet. Estos dos novelistas reflejan de forma amarga la vida cotidiana de posguerra, pero sin llegar a la denuncia social, cosa que la férrea censura hace imposible. Sus grandes temas serán la soledad, la inadaptación, la soledad, la muerte…Es sintomática la presencia de personajes marginales y desarraigados, desorientados y angustiados. Todo ellos revela el malestar del momento, pero sin salir de la esfera de lo personal, de lo existencial.

Autores y obras: Los ya mencionados más Miguel Delibes, con La sombra del ciprés es alargada (1948) y Aún es de día (1949). También podemos citar a Gonzalo Torrente Ballester, con Javier Mariño (1943).

           
NOVELAS EN LOS AÑOS 50: EL REALISMO SOCIAL (1950-1962)

  La colmena (1951)de Camilo José Cela, obra de protagonista colectivo, ambientada en un Madrid de posguerra sumido en la miseria económica y moral,  supone un cambio importante y ha sido señalada como precursora de la nueva corriente. Los novelistas de la generación  del 50 intentan dar testimonio de sus recuerdos de la guerra, de los conflictos de la vida colectiva española, de los ambientes concretos del trabajo en las diversas profesiones… y, al igual que los poetas, pretenden con sus obras producir un cambio en la sociedad.

  Esta novela supera a la existencialista en la innovación técnica y, sobre todo, en la actitud ideológica. Por un lado, adopta un compromiso ético, un testimonio crítico y una denuncia social; por otro, recurre en algunas novelas (otras siguen un realismo bastante tradicional) a las técnicas del cine y de la novela norteamericana o neorrealista italiana, coetáneas suyas.

  Los escritores que cultivan este tipo de novela utilizan un narrador oculto, como una cámara cinematográfica, que se limita a presentar los hechos y dejar actuar a los personajes con diálogos constantes. La obra cumbre de esta corriente es El Jarama (1956), de Rafael Sánchez Ferlosio.

   La otra corriente, dentro de la novela social, sería el realismo crítico, que no se limita a reflejar objetivamente la realidad, sino que pone de relieve las miserias e injusticias con ánimo de denuncia. Una obra muy representativa de esta tendencia sería La mina, de Armando López Salinas.

Autores y obras:

1. Jesús Fernández Santos (1926-1987) inaugura, según la crítica, el realismo social con su novela Los bravos (1954), en la que muestra la miseria de la posguerra en un pequeño pueblo controlado por un cacique.

2. Ignacio Aldecoa (1925-1969) fue también un gran escritor de cuentos. Destaca por su compromiso ético, la verosimilitud de sus historias y la precisión y belleza de su prosa. En sus obras narra el dramatismo y la tensión del hombre en su lucha con la vida, el destino o el trabajo. Obras: El fulgor y la sangre (1954), Con el viento solano (1956); y Gran sol (1957).

3. Rafael Sánchez Ferlosio (1926) refleja en El Jarama la falta de ilusión y de sentido en la vida de unos jóvenes madrileños de clase trabajadora que pasan un domingo en un merendero del río.

4. Carmen Martín Gaite (1925-2000) muestra en Entre visillos (1958) la opresión de las mujeres bajo la losa de las estrictas convenciones sociales de la época.

5. Juan Goytisolo (1931) denuncia en varias de sus novelas de esta época la absurda vida desocupada y abúlica de la juventud burguesa. Obras: Juegos de manos (1954),  Duelo en el paraíso (1955); y La isla (1961).

6. Ana María Matute (1926) escribe en esta época Fiesta al noroeste (1953), Pequeño teatro (1954); y Primera memoria (1960).


EL TEATRO DE POSGUERRA (DE 1939 A LOS AÑOS 50)

TEATRO EN LOS AÑOS 40

  La censura es mucho más férrea en este género que en otros, por lo cual las dificultades para expresar ideas contrarias al régimen, o simplemente nuevas, se multiplican. Mientras en Europa se representan obras renovadoras e irrumpe con fuerza el teatro del absurdo, en España se lleva a escena un teatro convencional que entronca con el melodrama o el teatro popular anterior y busca divertir y entretener a un público conservador. Solamente el llamado teatro del humor de Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura supone alguna novedad.

1.  EL TEATRO DE CONSUMO Sigue las líneas de la alta comedia del XIX o de Jacinto Benavente. Hemos de distinguir entre:

            -Un teatro “serio” bien construido, de autores que “manejan bien el oficio”,  con diálogos sólidos, acción bien realizada, sorpresas calculadas, y que se desarrolla en interiores donde reina la comodidad y el confort; los personajes son casi siempre de clase media sin problemas económicos. Los temas se repiten: el amor, la infidelidad, altercados entre padres e hijos…, todo sin ninguna alusión a problemas sociales.

            -Un teatro cómico sin compromiso, cuya crítica “muy suave” se centra en las costumbres de la burguesía pero tratadas con benevolencia. Algunos autores prueban con el melodrama moderado para reflejar, siempre superficialmente, los problemas morales o sociales.

            Autores: José Mª Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena, José López Rubio (técnicamente el mejor) con Celos del aire (1950); y Joaquín Calvo Sotelo, del que merece destacarse La muralla (1954), obra en la que por primera vez un autor de derechas introduce una reflexión sobre la Guerra Civil.

2. EL TEATRO DEL HUMOR  Al margen de este teatro continuista, sobresalen dos autores que realizan un teatro de humor renovado, con situaciones insólitas en las que lo inverosímil y lo absurdo se convierten en protagonistas. Tal vez lo más significativo sea su lenguaje ingenioso y nada convencional:

A. Miguel Mihura: su caso es revelador de las limitaciones del teatro comercial español durante el siglo XX, pues su primera y espléndida novela, Tres sombreros de copa, compuesta en los años 30, no se representó hasta 20 años después, lo que impidió que se consolidara en su momento una línea de renovación del teatro español. Mihura no regresó al teatro hasta los años 50, con Melocotón en almíbar, Maribel y la extraña familia…

B. Enrique Jardiel Poncela (1901-1952). Ya escribía antes de la guerra. Maestro en el uso del lenguaje, de las situaciones absurdas y   del humor abstracto de raíz intelectual. Obras destacables: Usted tiene ojos de mujer fatal (1933), Angelina o el honor de un brigadier (1934), y, ya de esta época,  Eloísa está debajo de un almendro (1940) y Los habitantes de la casa deshabitada (1942).


EL TEATRO EN LOS AÑOS 50: TEATRO EXISTENCIALISTA Y SOCIAL

  Es importante recordar el año 1949,  pues en él se produce el estreno de una obra de capital importancia en la evolución del teatro español: Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo, que recibió el premio Lope de Vega y con la que se inicia la etapa del teatro comprometido, llamado de diversas maneras: existencialista, testimonial, social.

  En la década de los 50 aparecen, como en los demás géneros, inquietudes existenciales en el teatro de autores como Antonio Buero Vallejo o Alfonso Sastre,  que alcanzan su plenitud literaria dentro del  realismo social. Esta tendencia artística trata de reflejar la sociedad y al mismo tiempo influir en ella, hacerla más justa. Es un teatro de oposición al régimen.

1. Antonio Buero Vallejo: Mantiene una serie de aspectos constantes a lo largo de su obra: defensa de la dignidad del hombre, estudio de la naturaleza humana (el amor, la soledad, la hipocresía, la libertad) y crítica social. Se vio obligado a escribir eludiendo la censura.
 Se distinguen tres etapas en su obra: teatro existencial, teatro social y teatro último (con mayor preocupación por la forma).  Obras: Historia de una escalera (1949), Las cartas boca abajo (1957), (etapa existencial); Las Meninas (1960), El concierto de San Ovidio (1962), El tragaluz (1967), (etapa social); La Fundación (1974) (última época).
   Por razones de espacio, solo comentaremos Historia de una escalera: se trata de un drama realista con ingredientes de sainete y de las obras de Benavente, pero con un enfoque existencial. El lenguaje es sencillo y directo, lo que da verosimilitud a la obra. Refleja la frustración de la sociedad (sin embargo, estéticamente supone un retroceso si se la compara con las obras de Valle-Inclán o García Lorca).


2. Alfonso Sastre: Desde muy pronto estuvo vinculado al teatro; en los 50 publica el Manifiesto del Teatro de Agitación Social. En 1953 estrena Escuadra hacia la muerte, que tuvo una gran acogida. Temas recurrentes en sus obras fueron la libertad, el poder, la opresión, la angustia y la culpa.
   Es un autor que tuvo constantes problemas con el régimen y, por lo tanto, muy pocas oportunidades de estrenar. En 1985 recibió el Premio Nacional de Teatro por su obra La taberna fantástica, que tenía escrita desde 1966 sin haberla podido estrenar hasta entonces.


Otros autores de esta tendencia: Lauro Olmo, con La camisa (1962), y José Martín Recuerda, con Las arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca (1970).

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